La ética en el aula

La ética en el aula

Ante las problemáticas sociales que viven los jóvenes, ha surgido la necesidad de revalorar la participación de las escuelas en la formación ética de los estudiantes. ¿Cómo debe ser la relación maestro-alumno para rescatar los valores juveniles que han sido trastocados por la modernidad?

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Figura 1. Es necesario revalorar la participación de las escuelas en la formación ética de los estudiantes.

Se ha hecho evidente que los valores de hace algunos años ya no prevalecen en los estudiantes de la actualidad, lo cual  obedece a una serie de necesidades sociales distintas que modifican el comportamiento de los alumnos. Los modelos educativos han cambiado y las exigencias también: los jóvenes crecen integrando aprendizajes tecnológicos que modifican y adaptan su conocimiento y actitudes a las exigencias de una sociedad de la que forman parte.

Con base en estas exigencias, la escuela ha desarrollado programas educativos que incorporan prácticas sociales en el proceso de aprendizaje en el aula. El punto clave en este proceso es el papel que deberá desempeñar el estudiante al adquirir los conocimientos para desenvolverse en distintos roles sociales. ¿Cuáles son y cómo enseñar los valores éticos que, como docentes, deberemos transmitir al alumno?

 

Además de ser facilitadores del conocimiento y dominar las áreas de especialidad que enseñamos, tenemos que ser capaces de dar una clase atendiendo a los valores éticos del alumno y la función que desempeñará en la sociedad. Debemos comportarnos como profesionales de la educación y ser un modelo para los alumnos, ya que somos el intermediario entre el valor social y el valor educativo que deben adquirir, por lo que es necesario asumir un compromiso ético y firmar un acuerdo moral de la enseñanza con valores.

 

Los retos y las necesidades sociales a las que se enfrenta el alumno en la actualidad, lo colocan en una posición donde deberá tomar decisiones que podrían modificar su vida; por ello es imprescindible orientarlo sobre la forma en que debe aplicar los aprendizajes de la escuela en su contexto social.

 

El compromiso de la escuela ya no radica tan sólo en proporcionar conocimiento al alumno; ahora debe fomentar los valores que lo ayuden a cumplir con las demandas actuales de la sociedad, y es responsabilidad del docente lograr este propósito. Se deben establecer los valores que el alumno aplicará en el desarrollo de las prácticas sociales  (respeto, autonomía, compañerismo, comprensión, entre otros), explicando en qué consiste su rol como ciudadano y el código de ética al que debe atenerse, tanto en el aula como fuera de ella.[1]

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Figura 2. El compromiso de la escuela ya no radica tan sólo en proporcionar conocimiento al alumno

La escuela debe incentivar al estudiante para que sea capaz de tomar decisiones y elegir entre opciones de valor. Se debe desarrollar la capacidad de análisis y discusión para discernir entre opciones personales o colectivas que contribuyan al mejoramiento del papel que representa en la sociedad. Ya no se trata sólo de comprender el sentido de lo bueno y lo malo, sino de elegir  tomando en cuenta  su contexto social y asumiendo su papel como ciudadano. Para lograr esto, el docente debe proveerle las herramientas necesarias para enfrentarse a tales situaciones o decisiones, pero, ¿cómo  hacerlo si no conocemos los procesos para enseñarlos?

 

Para que los valores éticos sean transmitidos en las prácticas docentes, se debe capacitar al profesor para que cuente con los conocimientos necesarios que lo ayuden a identificar las problemáticas a las que se enfrenta el alumno en el salón de clases y fuera de éste, y de esta manera sea capaz de orientarlo acerca de su papel como estudiante y como ciudadano.

 

Una estrategia para identificar situaciones problemáticas en el salón de clase (que muchas veces provienen de los hogares de los alumnos) es reunir a los docentes para compartir reportes acerca de la interacción de los estudiantes en las aulas y la escuela. En estas reuniones se invita a especialistas en el comportamiento juvenil, y en conjunto con los maestros se busca implementar soluciones a través de los procesos de enseñanza para ofrecerle al estudiante vías que lo ayuden a modificar conductas en beneficio de su aprendizaje y rol social.

 

Debemos ser conscientes de que no existe una ética universal, y por tanto, se debe atender a los alumnos según los estratos sociales en los que se desenvuelven o se van a desempeñar.

 

El programa para la educación básica secundaria[2] señala los siguientes aspectos que  deberán abordarse  durante la formación de los alumnos, considerando edades y estratos sociales:

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Figura 3. Se debe atender a los alumnos según los estratos sociales en los que se desenvuelven o se desenvolverá.

La labor del docente en cuanto a la formación ética de los estudiantes será la de construir, por medio del conocimiento y las prácticas sociales, un panorama de las reglas que el estudiante pueda aplicar en el entorno en el que se encuentra inmerso, ofreciendo a las asignaturas una orientación ética y social, además del enfoque transversal.

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[1] Ramírez Hernández, Irazema, “El compromiso ético del docente”, Revista iberoamericana de educación, 2011, disponible en: <http://www.rieoei.org/jano/3989RamirezJano.pdf>.

(Fecha de consulta: 1 de octubre de 2014).

[2] Programas de estudio 2011. Guía para el maestro. Educación Básica. Secundaria. Formación cívica y ética, sep, 2011, disponible en:  <http://basica.sep.gob.mx/reformaintegral/sitio/pdf/secundaria/plan/FCyESec11.pdf>.

(Fecha de consulta: 1 de octubre de 2014).

 

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