La gestión del conocimiento

La gestión del conocimiento

 

El concepto de la gestión del conocimiento surge en la década de los setenta cuando Peter Drucker (abogado austriaco y filósofo de la administración) empleó por primera vez el término knowledge worker para describir que las experiencias y conocimientos de las personas son más importantes en una organización que sus destrezas físicas.[1]

El conocimiento se puede considerar como: “[…] saber, escudriñar la realidad que rodea a las personas y a las instituciones, sus contextos y sus circunstancias. Para ello es preciso articular sistemas eficaces de captación de la realidad (vista, tacto, oído, gusto y olfato) para la organización”.[2]

Para los autores Nonaka y Takeuchi, el conocimiento se genera a partir de cuatro fases:

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Figura 1. El conocimiento de las personas es más importante en una organización que sus destrezas físicas.

  • Socialización: Compartir experiencias e ideas personales del conocimiento tácito personal al conocimiento colectivo.
  • Externalización: Paso del conocimiento tácito colectivo al explícito.
  • Combinación: Efectúa el intercambio de conocimientos explícitos y documentos compartidos por diferentes modalidades, principalmente electrónicas y virtuales.
  • Interiorización o de aprendizaje: El conocimiento explícito colectivo se transforma en tácito e individual.[3]

La gestión del conocimiento, al igual que la calidad, surge en las organizaciones con la intención de mejorar los procesos productivos y favorecer a las empresas para que garanticen su permanencia en escenarios competitivos.

De esta manera, se entiende por gestión del conocimiento: “Un proceso organizacional dirigido a crear una cultura de compartir, generar, orientar, aplicar y evaluar el conocimiento con la finalidad de ser aplicado por los miembros de la organización para hacerla más productiva y competitiva a través de procesos, productos y/o servicios innovadores que permitan tomar decisiones exitosas en entornos dinámicos”.[4]

En el ámbito educativo, la gestión del conocimiento no es un tema nuevo dado que los centros escolares son en sí mismos gestores del conocimiento. Sus principales agentes son directivos, profesores y alumnos, pero esto no significa que poseen el monopolio del saber, ya que en la actualidad los educandos disponen de la información suficiente para desarrollar competencias y adquirir experiencias cognitivas en contextos reales y virtuales. Por tal razón, los docentes deben fungir como acompañantes que orienten a los estudiantes en su formación integral, mientras el director genera las condiciones para la profesionalización de los maestros.

 

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Figura 2. La gestión del conocimiento es una herramienta de mejora en la gestión escolar.

Los directores pueden encontrar en la gestión del conocimiento una herramienta para fortalecer el trabajo colegiado en la escuela, donde los docentes son corresponsables de los éxitos o fracasos de sus alumnos y figuran como integrantes esenciales para diseñar y desarrollar proyectos educativos con el fin de elevar la calidad de la educación, lo que también contribuye a mejorar la institución desde lo organizativo hasta lo administrativo.

 

En el proceso de enseñanza intervienen múltiples factores que inciden en los aprendizajes de los educandos y que no pueden ser controlados por las autoridades directivas desde el ámbito administrativo. Como líder de la institución, el director debe tener la capacidad de generar un ambiente de comunicación, coordinación y participación con los maestros para fomentar un trabajo colegiado, donde el conocimiento y experiencia de cada integrante de la comunidad permitan encontrar soluciones a los problemas a los que se enfrente la escuela.

Comparación entre organizaciones tradicionales y organizaciones conscientes de la gestión del conocimiento.[5]

 

Organizaciones Tradicionales

Organizaciones conscientes del Conocimiento

Distribución limitada de información. Sólo algunos funcionarios saben las directrices en la escuela. Amplia distribución de información. Mantiene a la comunidad escolar al tanto de los planes y las acciones a realizar.
Diferentes niveles de dirección (muy jerarquizadas). Pocos niveles de dirección (organigrama muy plano).
Responsabilidad desigual. Responsabilidad compartida. Todos participan y contribuyen para alcanzar la calidad en la educación.
Basadas en reglas. Basadas en principios.
Estructura formal. Estructura informal.
Aversión al riesgo. Sigue un enfoque conservador de la educación. Propensión a la asunción de riesgos. Encuentra en la innovación oportunidades de mejora en las prácticas educativas.
Política de formación de manera ocasional. Pocas veces se preocupa por la capacitación de los profesores. Política de aprendizaje continuo. Se preocupa de capacitar a sus docentes en las prácticas pedagógicas más innovadoras.
Enfoque más financiero. Preocupada más por los recursos materiales. Enfoque multifuncional. Gestiona la interacción de todos los elementos del proceso de enseñanza.
Politizada. Abierta y flexible. Busca experiencias de éxito en otras instituciones para adecuarlas a su propio contexto.
Retención del conocimiento. Centralización de los saberes. Uso del conocimiento compartido. Todos participan de la construcción y adquisición de los saberes.
Baja inteligencia emocional y conciencia cultural. Se reciben bien las influencias sobre cultura organizacional de las redes en las que participa la organización.

 

Antes de implementar algún modelo de gestión del conocimiento, las autoridades directivas deben promover una comunicación eficaz en toda la organización para que los integrantes (maestros, administrativos y demás personal) se sientan útiles al compartir sus saberes con los compañeros, contribuyendo así a la creación de una cultura de aprendizaje que coloca a la calidad educativa en el centro de la dinámica escolar.

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[1] Minakata Arceo, Alberto, “Gestión del conocimiento en educación y transformación de la escuela. Notas para un campo en construcción”, Revista Sinéctica, México, núm. 32, enero-junio 2009, disponible en: <http://portal.iteso.mx/portal/page/portal/Sinectica/Revista/SIN32_06/sin32_minakata.pdf>. (Fecha de consulta: 28 de septiembre de 2014).

[2] Antonio José Moreno Guerrero, “Gestión del conocimiento en el ámbito educativo”, Centro de Profesores y Recursos Ceuta, 2009, disponible en: <http://www.cprceuta.es/PubliCPR/Archivos/CE08-029%20Gestion%20conocimiento.pdf>. (Fecha de consulta: 28 de septiembre de 2014).

[3] Minakata Arceo, Alberto, op. cit., p. 8.

[4] Ponjuán, Dante, apud Raudel Guevara Tovar, “Gestión de asesoría académica en la educación básica”, Revista Conexxión, México, 2013, disponible en: <http://aliatuniversidades.com.mx/conexxion/index.php/en/educacion/46-2013-11-26-19-15-53>. (Fecha de consulta: 28 de septiembre de 2014).

[5] González Enríquez, Rafael Ernesto, “Gestión del conocimiento en el entorno empresarial”, Gestiopolis, Bogotá, 2013, disponible en: <http://www.gestiopolis.com/administracion-estrategia-2/gestion-del-conocimiento-en-el-entorno-empresarial.htm>. (Fecha de consulta: 28 de septiembre de 2014).

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