La disciplina y convivencia como procesos formativos

La disciplina y convivencia como procesos formativos

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Figura 1. El directivo debe orientar las conductas de los alumnos para

favorecer los principios de convivencia en la escuela y otros escenarios.

Una de las maneras en que los estudiantes se integran como miembros responsables en la comunidad, es a través del aprendizaje de las reglas y normas de convivencia en la escuela, ya que en ella interactúan con  los  compañeros de clase, docentes, directivos, padres de familia, y demás actores que intervienen en ese ámbito.

El director debe tener presente la estrecha relación que existe entre una correcta convivencia escolar, la disciplina y la calidad de los aprendizajes, y contar con un ambiente de respeto en la escuela es una de las claves para lograrlo.

La escuela (después del núcleo familiar) es un espacio formativo donde también se aprenden las normas sociales que fortalecen la convivencia, generando las condiciones para que los estudiantes se desarrollen en un contexto pacífico, democrático y armónico.

Como responsable de la institución, el director debe orientar las conductas de los alumnos para favorecer la adquisición de valores y principios de convivencia con los demás a través de la disciplina. Sus acciones están encaminadas a prevenir la violencia y establecer un clima escolar pacífico.

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Figura 2. Los alumnos observan e imitan las acciones y

actitudes de los adultos con los que interactuan.

Por ello debe tomarse en cuenta que un clima escolar favorable y positivo es resultado de la enseñanza de la convivencia en el aula y los demás espacios educativos, donde las autoridades (directores, supervisores, docentes y asesores) actúan como modelos de comportamiento y conducta para los estudiantes, quienes observan e imitan las acciones y actitudes de los adultos con los que interactúan.

Además, “el clima escolar es un indicador del aprendizaje de la convivencia y es una condición para apropiarse de los conocimientos, habilidades y actitudes establecidos en los objetivos curriculares. Pero es importante tener presente que el clima escolar no se asocia de manera exclusiva con la disciplina y la autoridad, sino más bien con la conformación de un ambiente propicio para enseñar y  aprender, en el que se pueden identificar distintos componentes”,[1] entre los cuales se pueden mencionar:

  • La calidad de las relaciones e interacciones entre todos los miembros de la comunidad educativa.
  • La existencia de actividades planificadas en los diversos espacios formativos (aula, patios, bibliotecas).
  • Un entorno positivo (limpio, y ordenado).
  • La existencia de normas y reglas claras, con una disciplina consensuada y conocida por toda la comunidad educativa.[2]

La disciplina es un elemento de suma importancia para lograr un clima escolar positivo. No debe ser entendida como una actitud de obediencia y acatamiento sin reflexión, sino más bien como el cumplimiento de los roles que a cada miembro de la comunidad educativa (docente, alumno, directivo, padre de familia) le compete, cuyas responsabilidades tiene que cumplir para alcanzar una meta común: una educación de calidad.[3]

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Figura 3. La disciplina es un elemento que genera un clima escolar positivo.

En su rol de líder, el directivo debe mantener una comunicación fluida con los miembros de la comunidad para dar a conocer  las normas y reglas de convivencia socialmente aceptables así como aquellas conductas sancionables. De esta manera, cada individuo de la comunidad escolar conoce sus derechos y obligaciones.

Por tanto, el director guía y orienta el trabajo pedagógico entre la comunidad escolar para definir acuerdos de convivencia y reglas para practicar una disciplina respetuosa de todos los actores educativos, sin exclusiones entre los involucrados en el proceso de enseñanza y aprendizaje.

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[1] Ministerio de Educación del Gobierno de Chile, “Convivencia escolar”, Minudec, Santiago, 2010, disponible en: <http://www.mineduc.cl/index2.php?id_seccion=3375&id_portal=50&id_contenido=13803>.

(Fecha de consulta: 11 de septiembre de 2014).

[2] Ibidem.

[3] Ximena Bugueño e Isidora Mena, “El sentido del reglamento de convivencia; Lógicas y sugerencias para su construcción”, Educarchile, Santiago, 2008, disponible en: <http://ww2.educarchile.cl/UserFiles/P0037/File/Inspector/Valoras%206%20si%20el%20sentido%20del%20reglamento_conv%20suger%20construccion.pdf>.

(Fecha de consulta: 11 de septiembre de 2014).

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